El borde de tu manto Señor (Evangelio según San Marcos 6, 53-56 ), tan sólo un hilito del borde de tu manto. ¡Cómo me gustaría
poder hacérselo llegar hoy a una niña en concreto! Una chica de quince años. De
Genesaret a un hospital de Madrid. Sesiones de quimioterapia, operación,
ciencia, pericia médica y el borde de tu manto Señor.
Y la Secuencia del Espíritu
que entre hasta el fondo del alma, de ella y de sus padres. No voy a dar más nombres que el del título por una cuestión de simple respeto a la intimidad
familiar. Pero su madre es parte de mi vida, una larguísima parte de mi vida. El Señor me dio una peculiar memoria para cosas insospechadas y recuerdo con
nitidez una conversación de niños entre su madre, otro amigo y yo cuando yo
apenas tenia siete años ¡hace cuarenta! Son estas cosas las que le tumban a uno
en su realidad concreta.
Unos niños, adolescentes,
jóvenes… y la vida real que va llegando casi sin ser uno consciente hasta que
te ves adulto. Y esa vida que nos mece a todos en manos de María bajo el soplo
de Dios, y que a veces nos bate como las olas del mar que arrasan cuanto
encuentran en un temporal. Como el que ha desnudado las playas de nuestro
Santander. Hoy me ha llegado una foto de la Magdalena (¡cuántas
tardes en casa de su abuela!) dejando al aire rocas tras el mar enfurecido.
Rocas. Rocas firmes. Esa
Roca firme que sostiene mi vida, que sostiene nuestra Vida. Desde el cariño
constante, profundo y sostenido a lo largo de los años, desde mi fe, desde la
debilidad de mi fe yo le pido hoy al Señor tan sólo un hilito. Que le toque a
ella y que toque al corazón de sus padres. Un hilo de consuelo, de fe y de
esperanza.
Francisco nos recuerda en su
homilía de hoy en Santa Marta que tenemos al Redentor a nuestro alcance en cada
Eucaristía; en cada Eucaristía el Redentor ofrecido al Padre por la salvación. Ahí
están el hilito, el manto y el Cuerpo entero.
Eso es lo que quiero para
ellos. Yo les doy mi cariño, el de siempre, mi oración y lo que necesiten. Y me
gustaría poder darles una cajita con la risa contagiosa de su madre. Confianza
y Esperanza.
Y a todos los que me leéis
os pido oraciones como hilitos de Su manto para que todo vaya bien. Todo irá
bien. Nos enseña San Alfonso que “cuando rezamos el Señor nos da las fuerzas
necesarias para hacer lo que no podemos”. El cariño de muchos y vuestra oración.
Un hilito de Su manto, por favor.
No sólo los padres, sino Carlota también: que recen y confíen, que el Señor siempre escucha incluso en los momentos más grises cuando creemos que no está. Mucho ánimo a Carlota y a sus padres y mis oraciones.
ResponderEliminarPrimeramente decirte que tendré presente a Carlota en mis oraciones, en concreto en las "Siete oraciones de Santa Brígida". Después comentarte que cada día escribes mejor querido Enrique.
ResponderEliminarBesos para Carlota y abrazos para ti.
Manuel.